Estudios Bíblicos en Siguiendo sus Pisadas

Características de la Madurez Cristiana:
Marca # 1: Ejemplo de Imitación para los demás

Por J. Hampton Keathley III
Traducido por Juanita Contesse G.

Introducción

Con esta primera marca de madurez, llegamos a un estudio de las cualidades que describen lo que debe ser la madurez a semejanza de Cristo.  Por cuanto llegar a ser a la semejanza de Cristo es un ejemplo a seguir, comenzaremos aquí.  Un cristiano maduro es alguien que es un modelo a seguir, un hacedor de la paz, alguien que influencia a los demás en forma positiva, ¡de acuerdo a los estándares bíblicos!  Sin modelos bíblicos y divinos, somos arrojados a un océano tempestuoso que sólo arroja cieno y lodo (Isaías 57:20).  Recientemente, William J. Bennett, dijo:  «Nosotros —todos; pero especialmente los jóvenes— necesitamos a nuestro alrededor, individuos que tengan una cierta nobleza, una grandeza de alma y cualidades de experiencia humana que valen la pena imitar». [1]

La gente no puede ser un líder bíblico y madurar verdaderamente hasta que no tomen conciencia que Dios les ha llamado a ser ejemplos para los demás.  Como lo señaló el Señor Jesús:  “El discípulo no s superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro”  (Lucas 6:40).  En este contexto, el Señor estaba demostrando nuestra verdadera espiritualidad o divinidad (o la falta de ellas), se revela en nuestras acciones las que necesariamente influenciarán a otros ya sea para bien o mal.  Los estudiantes, hijos, hijas y la congregación, tienden a imitar a sus líderes, padres, guardianes, maestros o héroes.  Para nosotros, la tendencia es apartarnos de esta responsabilidad; pero para ser líderes maduros verdaderos, debemos aceptar esto como una realidad del liderazgo.

Principios Relacionados con Ser Ejemplo

Con respecto a ser ejemplo para los demás, es útil considerar los siguientes principios:

(1)    Ser un ejemplo divino, no es una opción; es un mandato de las EscriturasMás adelante, en este estudio, consideraremos varios pasajes relacionados.

(2)    No tenemos elección para ser un ejemplo de algo e impactar a los que nos rodean; pero sí podemos elegir en el tipo de testimonio e impacto que entreguemos.  Alguien nos seguirá y será influenciado por nosotros.  La pregunta es:  ¿Sabemos hacia dónde nos dirigimos?  ¿Estamos entregando la clase de ejemplo que realzará sus vidas o somos como el ciego que guía a otro ciego?

Creo que fue el Profesor Hendricks que dijo en sus videos sobre el liderazgo:  «En una ocasión vi una calcomanía que decía:  ‘No me Sigas; También estoy Perdido’».  Lamentablemente, ese es el estado del mundo, de muchos cristianos bien intencionados.  Con como aquel piloto comercial que dijo a sus pasajeros:  ‘Tengo buenas y malas noticias.  La mala es que estamos perdidos; pero la buena es que estamos haciendo un buen tiempo de vuelo’.

El movimiento en sí mismo, no significa dirección.  La actividad en sí misma, no significa necesariamente eficacia.  Podemos ser como aquel vaquero que entró apresuradamente al corral, ensilló su caballo y se desbocó en todas direcciones.  Necesitamos una vida de calidad, que tenga movimientos de calidad orientada en la dirección correcta, con objetivos específicos, bíblicos.

(3)    Necesitamos una madurez cristiana que entregue a la gente ejemplos reales de ser honestos con Dios, de una vida auténtica en Cristo.  Con frecuencia, el ministerio efectivo hacia los demás, se relaciona con cosas como una personalidad dinámica, con talento, con dones, entrenamiento, entusiasmo y con carisma.  Pero todas estas cosas sin algo más, son inadecuadas, como hemos visto en forma tan evidente en el liderazgo de los cargos gubernamentales en nuestro país en los últimos años.  Se necesita mucho más.  En la Biblia, las cualidades que llevan a un ministerio efectivo, se encuentran en los elementos del carácter espiritual, en el carácter de Cristo reproducido en nosotros por el ministerio del Espíritu (ver Efesios 4:12s.; Gálatas 5:22ss.).

En su estilo tan particular, el Dr. Henricks solía narrarnos la historia de un estudiante que se le acercó con un problema.  El diálogo, según lo que recuerdo, era más o menos asÍ.

Estudiante  :  Hola profesor, tengo un problema.

Hendricks   :  ¿Cuál es tu problema?

Estudiante  :  ¿Por qué el Señor eligió a Judas?

Hendricks   :  Ah, ese no es un problema.  Tengo uno mayor.

Estudiante  :  ¿Sí?  ¿Cuál?

Hendricks   :  ¿Por qué el Señor te eligió a ti?  ¿Por qué me eligió a mí?

Lo que quería decir, era —mira a los discípulos.  ¿Cómo pretendes lanzar una campaña mundial con gente como Pedro y sus ‘compadres’?  Sin embargo, el Señor hizo esa campaña que puso el mundo al revés, con hombres comunes, corrientes y sin educación.

¿Se debió esto a la metodología exclusiva e imaginativa que tenían?  ¡No!  Se debió a que estos hombres comunes conocían al Señor y comenzaron a experimentar Su vida y Sus cualidades divinas.  Él tomó a hombres comunes y los transformó en grandes hombres que llegaron a ser hombres espirituales, porque estaban experimentando a su Señor a través del poder del Espíritu de Dios.

(4)    Los cristianos maduros y los líderes, tienen la responsabilidad de mantener un ejemplo consecuente.  Este es un tema constante de la Biblia.  Además del poder natural del mundo en sí, nada es más determinativo para el cambio espiritual en la vida de los demás, que nuestro ejemplo.  Esta verdad es enseñada enfáticamente en 1ª Tesalonicenses 2:1ss., donde Pablo recuerda su modo de vida y el de su equipo a los tesalonicenses. [2]

Problemas que Enfrentamos al Ser Ejemplos

(1)    El problema de lo distintivo o de la manifestación del carácter bíblico.  Esto está relacionado al tema de vivir, por lo que verdaderamente demostramos que somos, que nuestro carácter, es distintivamente el resultado de conocer y caminar con Cristo.  Pero a veces, lo que son los cristianos habla tan fuerte que saca completamente a la gente o los pone en contra.  Si nuestras vidas no son lo que debieran, los demás no sólo no querrá seguirnos, sino que repelarán lo que somos.  Cuando la vida de un cristiano es contraria a lo que él o ella dice, indica que somos irreales o que lo que sostenemos y creemos, no es verdad y no resulta.

(2)    El problema de dirección o el ejemplo equivocado.  Lamentablemente, lo opuesto también es verdad.  Algunas personas nos seguirán.  En este caso, no tanto por lo que decimos, sino en cómo vivimos —en nuestras prioridades, valores y actitudes, como también nuestros actos.  Si nuestras vidas nos son lo que debieran, nos convertimos en ejemplos inversos que alejan a la gente del Señor y de la vida a las que Él les ha llamado.  He oído y es posible que ustedes también, de niños que han dicho:  “Papito, si el Presidente puede mentir, ¿por qué yo no?”

Si les enseñamos a nuestros hijos acerca de la prioridad que tiene el Señor, de amar a los demás, de la Palabra y de la importancia de congregarnos con otros creyentes para adorar, crecer y ministrar a otros (Hebreos 10:24-25), ¿les demostramos la realidad de todo esto siendo consecuentes con nuestras prioridades?  ¿O buscamos todo tipo de excusas para permanecer en casa?  ¿Permitimos consistentemente a nuestra familia a comprometerse en otras actividades que nos llevan fuera de la iglesia o de reuniones con otros creyentes?  Esto establece un modelo que nos dice que esas otras actividades son más importantes que el Señor o que las reuniones con el resto del cuerpo de Cristo, para estudios bíblicos, oración o adoración.  ¡Los actos hablan mucho más fuerte que las palabras!

¿Enseñamos a nuestros hijos los principios de ser puntuales, de hacer todas las cosas decentemente y con orden?  Entonces, ¿tenemos la costumbre de llegar siempre tarde?  Nuestros hijos, ¿se ausentan con frecuencia de la Escuela Dominical o de la iglesia debido a que somos tan desorganizados que no somos capaces de hacerlo? Nuevamente:  ¡Los actos hablan mucho más fuerte que las palabras!

(3)    El problema de la definición.  Por definición, nos referimos a dar una razón clara a la forma cómo vivimos o a los que nos distingue en nuestras vidas.  Como cristianos, si nuestras vidas son diferentes —como debe ser— y nunca le permitimos saber a los demás porqué lo somos, es que hemos fallado al ser ejemplos.  “Sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros”  (1ª Pedro 3:15).

Pasajes para Ser Ejemplos

Debido al poder de nuestro ejemplo y a nuestra forma de vida, sea negativa o positiva la influencia que tiene en los demás, las Escrituras expresan reiteradamente esta responsabilidad vital.. Los líderes y los cristianos como un todo, deben ser modelos a imitar por los demás.  En verdad, cada vida de los creyentes debe ser una fuente de motivación y de dirección para el resto.  Debemos ser un retrato de la realidad, una prueba de que Jesucristo salva y cambia las vidas, de manera de llegar a ser un poderoso imán que capta a otros para Cristo.

1ª Corintios 11:1 y 1ª Tesalonicenses 1:6

“Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo”  (1ª Corintios 11:1)

“Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo”  (1ª Tesalonicenses 1:6)

No le conozco, pero la idea de decirle a otro que me imite, me atemoriza.  ¡Qué responsabilidad!  ¿Sugiere que la gente debe seguirme?  Correcto.  Esa es la forma, nos guste o no.  Como lo indica este pasaje, la cuestión es:  ¿A Quién estamos siguiendo?  Pablo dijo:  “Sed imitadores de mí” (síganme).  Pero rápidamente agrega:  “…así como yo de Cristo”

Obviamente entonces, la clave del liderazgo y de la madurez espiritual no es cuán grandiosos somos; sino cómo y cuánto estamos siguiendo a Jesucristo, nuestro ejemplo supremo.  ¿Cuánto le estamos permitiendo a Jesucristo ser el Señor de nuestras vidas?  ¿Estamos persiguiendo ardientemente el conocimiento y la experiencia  de la vida de Cristo como lo hizo el apóstol Pablo?

El verbo ‘ser’ es el presente imperativo de ‘ginomai’:  ‘llegar a ser’.  Otra vez, enfatiza que esto no es una opción.  Es una orden.  El tiempo presente y el significado de este verbo nos recuerda que esto es un proceso, una meta, un fin en el cual poner diariamente nuestra vista y nuestro objetivo.  Ninguno de nosotros llegará —pero debe ser una meta diaria.  Una pregunta clave, es:  “¿Estamos logrando el objetivo?”

La palabra ‘imitar’, en griego es ‘mime,,te,,s’ y se refiere a alguien que hace mímica de otro.  Es un sustantivo activo que origina el concepto de una responsabilidad activa; pero no debemos permitir que la palabra ‘mímica’ nos engañe.  No se refiere a una mímica superficial o a una mera imitación.  De acuerdo a la verdad del Nuevo Testamento, involucra el proceso de la reproducción.  El Señor Jesucristo busca reproducirse a Sí mismo en nosotros en la medida que nos apropiemos de Su vida por medio de la fe, a través del conocimiento de la Palabra y del ministerio del Espíritu Santo.  Ser semejantes a Cristo, es la consecuencia directa y exclusiva de la actividad de Dios en nosotros.  No es la consecuencia de nuestra capacidad de imitar a Dios, sino el resultado de la capacidad de Dios de reproducirse a Sí mismo en nosotros a través del Espíritu Santo. Según lo aprendemos en Su Palabra y aprendemos a caminar por fe.

En 1ª Tesalonicenses, Pablo escribió:  “…vinisteis a ser imitadores del Señor…” (1ª Tesalonicenses 1:6).  La enseñanza y el ejemplo de los misioneros (sólo durante algunas semanas) y las aflicciones que enfrentan más el ministerio siempre presente del Espíritu, fueron las herramientas que usó Dios para producir el crecimiento espiritual y el cambio de vidas.  Como ya se mencionó, nuestra palabra imitar puede guiarnos a una impresión errada.  La imitación cristiana, no tiene nada que ver con la conformidad externa en la que alguien sencillamente copia los actos, las maneras o la forma de hablar de otros.  La palabra griega ‘mime,,te,,s’, viene de la palabra ‘mimeomai’:  ‘imitar, emular, usar como modelo’.  La idea principal aquí es seguir a alguien como un modelo ideal o como un ejemplo.  Pero, como lo deja claro el contexto del Nuevo Testamento, no es solamente un asunto de conformidad externa, sino el cambio desde el interior por medio del Espíritu y la aplicación de la verdad bíblica como se ve en la vida del modelo del cristiano maduro.

Hebreos 13:7

“Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe”

Este versículo nos enseña que el secreto de guiar a otros, surge del reconocimiento de los demás de la rectitud de la vida del líder.  La vida del líder se convierte en ‘la prueba del postre’, como se dice.

La palabra ‘resultado’ corresponde a la palabra griega ‘ekbasin’, que se refiere al producto de algo.  En este contexto, es la forma de vida del líder que ha hecho de él, un ejemplo.  Se refiere a la forma de vida de sus líderes que se han centrado en la Palabra y al caminar por fe.  Esto tiene un resultado específico —la semejanza a Cristo o la divinidad.

Observen la palabra ‘considerando’.  En griego es ‘anatheoreo,,,’ que significa ‘escanear, mirar de cerca’.  La raíz básica de la palabra, significa mirar algo, no con indiferencia sino con un propósito de manera de poder llegar a una conclusión.  En otras palabras, la gente nos estará observando y en cierto grado, el ejemplo de nuestras vidas afectará la conclusión a las que llegarán, no sólo acerca de nosotros, sino acerca de Jesucristo y del cristianismo.  En este contexto, en Hebreos 13, tal vez también deberíamos fijarnos en el versículo 17:  “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta…”.  Este deseo de la gente de seguir a alguien y de ser persuadida, depende en gran manera de la clase de ejemplos que seamos.

Filipenses 3:17-18

“Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo tenéis en nosotros.  Porque por ahí andan muchas veces, y aún ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo”.

En el contexto de este pasaje, una clara señal de madurez es la búsqueda de la santidad, un corazón establecido en tesoros celestiales y en objetivos divinos (ver 3:8-14, 19-20).  Aquí podemos observar dos cosas:;  (a) el hombre maduro (y hay varios grados de madurez) perseguirá un adios del pasado como de sus propósitos y tesoros del pasado y pondrá sus ojos en alcanzar la meta de crecer a la semejanza de Cristo.  (b) Si piensa que ya ha llegado o si sus estándares son diferentes, entonces Dios buscará la forma de exponer este error en su vida, porque cualquier otra cosa se opone al propósito de Dios.

En esta búsqueda, debemos tener nuestro curso fijo en la boya que corresponde, o nuestra radio en la frecuencia correcta, caso contrario llegaremos a un destino errado.  En otras palabras, se requiere un buen ejemplo y un buen estándar.  Se necesitan personas que lo estimulen a tener estándares más y más elevados.

Estos creyentes tienen una responsabilidad doble:  (a) Deben encontrar cristianos maduros, que estén verdaderamente siguiendo a Cristo y a Su Palabra, y usarlos como ejemplos buscando llegar a ser sus imitadores (versículo 17).  Pero (b) también deben estar alertas al hecho que hay algunos que no están caminando tras el modelo de divinidad que se encuentra en las Escrituras, como se ve en las vidas de Pablo y de sus compañeros (cf. Filipenses 3:18, 19 y Romanos 16:17-18).

Naturalmente, el Señor Jesús es nuestro ejemplo supremo, nuestra meta y nuestra autoridad; pero las Escrituras autoriza la legitimidad de seguir a la gente de Dios como ejemplos.  Necesitamos esta gente de Dios.  Tales personas demuestran la posibilidad y la realidad de seguir al Señor y de progresar en el crecimiento hacia la semejanza de Cristo.  Nos proveen de incentivos divinos.  Es muy motivador encontrar hombres y mujeres que han verdaderamente crecido en su caminar a través del poder del Espíritu de Dios.

En esta búsqueda y de acuerdo al énfasis de este pasaje de Filipenses, la prueba crucial para ser un ejemplo bíblico y un ejemplo a seguir por otros, se encuentra en la perspectiva que se tenga de la persona y de la obra de Cristo, resumida en la cruz.  Una visión bíblica y una comprensión de la obra terminada del Salvador en la cruz y la unión del creyente con Cristo, hace tres cosas:

(1)    Provee una base y una motivación apropiadas para una vida y servicio divinos.  Provee protección en contra del legalismo y las obras hechas, ya sea para obtener la salvación o para ganar y mantener mérito ante Dios (Filipenses 3:4-8).

(2)    Promueve un compromiso al estándar de conducta de Dios  (Filipenses 3:9).  Reconoce que la libertad no significa licencia, sino que provee el poder para servir a Dios de acuerdo a Sus estándares a través de la fe en un Salvador vivo que nos ha hecho aceptables a Dios y nos provee la motivación y los medios para el cambio (1ª Juan 3:1s.).

(3)    Nos da una perspectiva eterna.  El comprender la obra terminada de Cristo en la cruz y nuestra unión con Él, provee la seguridad de la eternidad.  Esta realidad de la eternidad, nos debe conducir hacia una perspectiva eterna que en esencia significa un nuevo conjunto de valores, controles y objeto de búsqueda (cf. 3:20-21 con 1ª Pedro 17s., 2ª Corintios 4:15-18, 1ª Juan 2:28-3:3).

En esencia entonces, una visión apropiada de la persona y de la obra de Cristo debería producir una reevaluación personal que nos guía a una denuncia de nuestras viejas actitudes, valores y prioridades (ver Filipenses 3:3ss.).  Pero lo que necesitamos en la iglesia, son hombres y mujeres que demuestran esto como ejemplos para sus familias y para los demás.

1ª Timoteo 4:11-16

“Esto manda y enseña.  Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritus, fe y pureza.  Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza.  No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio.  Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos.  Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren”

El apóstol comienza esta sección con el encargo de “manda y enseña (referencia primaria a :1-5, una advertencia en contra de las doctrinas legalistas que tienen su fuente en la influencia demoníaca)”.  Pero la habilidad de Timoteo para esto, es su dependencia contextual en dos cosas:  (a) alimentando su alma en las palabras de la fe, i.e. disciplina divina en su propia vida (versículos 6-10) y (b) siendo un ejemplo para otros creyentes (versículo 12).

El fracaso de ser un ejemplo sólido, arruina o al menos esconde gravemente la credibilidad, porque hace que los demás miren hacia abajo y rechacen el ministerio (versículo 12).  ‘Mirar hacia abajo’ en griego es ‘kataphroneo,,’, de ‘kata’ que es ‘abajo’ y ‘phroneo’ que es ‘pensar, contemplar’.  Por lo que esta palabra significa ‘desdeñar el desprecio, el desdeño, pensar poco o nada sobre algo’.

‘Juventud’ sugiere que Timoteo era un hombre joven y que junto a la juventud yace la inmadurez.  Pero los hombres y mujeres jóvenes a través de una madurez espiritual en el Señor, pueden sobreponer su conducta típicamente juvenil y llegar a ser ejemplos y modelos inclusive para la gente mayor.

Las palabras ‘palabra, conducta, amor, fe y pureza’, nos advierten que para ser ejemplos, se necesitan cambios a la semejanza de Cristo en todas las áreas de la vida.  El fracasar en un área, puede dañar nuestra habilidad de ser un ejemplo.

‘Muéstrate’, representa varias traducciones de la palabra griega ‘ginomai’, que significa:  ‘llegar a ser, sobrepasar, suceder’.  El uso de este verbo por parte de Pablo, puede sugerir la idea de un proceso y de un progreso en el crecimiento (cf. 4:14).

Pablo agrega las palabras ‘los creyentes’ o ‘aquellos que creen’.  Por cuanto el contexto trata con nuestro ministerio al cuerpo de Cristo, el énfasis está en nuestra necesidad de ser ejemplo a los creyentes; pero esto en ninguna manera nos exime de la responsabilidad de ser un ejemplo para los que no creen (ver Colosenses 4:5; 1ª Pedro 3:15-17; 4-15-18).

En 1ª Timoteo 4:13-16, Pablo entrega seis mandamientos necesarios como ejemplos eficaces del Salvador.  Los versículos 13-14, tratan fundamentalmente con el ministerio público y con la administración de sus dones espirituales.  El ser obediente a estos mandamientos, le permitirán a Timoteo llegar a ser un ejemplo a seguir en el ministerio público, cuando la iglesia esté reunida.  Los versículos 15-16, están más orientados a su vida privada y acentúan la idea de la dedicación, diligencia, paciencia y disciplina; un desafío en contra de la flojera y de seguir la corriente.

Tito 2:6-8

“Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes; presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros”.

Debemos observar que el versículo 7 surge del cargo de exhortar a los jóvenes a tener auto-control (versículo 6), porque al ser un ejemplo para ellos es muy importante para animarles o motivarles.  También debemos observar la naturaleza que circunda este mandamiento, tal como lo vemos en las palabras:  ‘en todo como ejemplo de buenas obras’.  Esto nos recuerda de la necesidad de estar bien centrado en el carácter cristiano, en cada una de las áreas de nuestra vida.

Las palabras ‘presentándote’, es la voz media de la palabra griega ‘parecho,,’, que significa ‘ofrecer, demostrar o presentarse a sí mismo siendo algo’.

1ª Pedro 5:3

“…no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey”.

Algunas personas son lo que podríamos llamar ‘controladores’.  Esta gente busca dominar o señorear sobre otros como un medio de ganar seguidores; pero al hacerlo arruinan su capacidad de ser ejemplo de un liderazgo a la semejanza de Cristo.  Por lo tanto, en este pasaje, Pedro nos advierte de la tendencia de liderar mediante la dominación ejercida sobre los demás; característica típica del mundo; pero que no debería existir en el cuerpo de Cristo.  Para ser bíblicos y a semejanza de Cristo, el creyente debe tener el carácter de alguien que guía como un siervo (Marcos 10:45).  Esta es una de las características que distinguen el liderazgo cristiano y se discutirá más adelante.  En esto existe una nota de advertencia:  A medida que queremos ser ejemplo, debemos aprender a servir por motivos divinos.  Con demasiada frecuencia, la gente por motivos neuróticos —para sentirse bien consigo mismo, para ser admirado y aceptado o para sentirse en control, etc.  Algunos emplean su cargo de líder como una forma de cubrir sus propias necesidades fuera de la fe en Cristo y de sentirse suficientes en su nueva vida en Él.

Para que los cristianos y líderes maduros lleguen a ser ejemplos para los demás (i.e. una evidencia viva del poder de Jesucristo para cambiar las vidas), deben desarrollar una serie de cualidades a la semejanza de Cristo que les distinguen como ejemplos a seguir.  Por lo tanto, las marcas que analizamos en este estudio son la clase de cualidades que nos permiten llegar a ser un ejemplo bíblico de la madurez y liderazgo a la semejanza de Cristo, ya sea en el hogar, en la oficina, o en la iglesia.

En resumen, el plan bíblico y el orden para ser modelos y para seguir, es el siguiente:

1) Con Cristo y con el Padre celestial como sus propios modelos personales (Juan 15:13; 1ª Pedro 2:21; Efesios 5:1), el líder cristiano maduro, debe reconocer que tiene una responsabilidad vital de ser un modelo de la realidad y del carácter de Cristo para aquellos a quienes ministran y enseñan (1ª Timoteo 4:12; Tito 2:7; 1ª Pedro 5:3).

2) Los líderes incluso pueden animar a otros a imitar o seguir su ejemplo en la medida que ellos hayan hecho lo mismo (1ª Timoteo 4:12-16) y que están seguros que están en la búsqueda de seguir ellos mismos el ejemplo del Salvador (1ª Corintios 4:16; 11:1; Filipenses 3:17; 2ª Tesalonicenses 3:9).

3) La meta final del líder, siempre debe ser ayudar a otros a llegar a ser imitadores de Cristo.  Al principio, los discípulos llegaron a ser imitadores de sus padres espirituales o maestros, que es el patrón normal y natural.  Pero el maestro y el alumno de la misma manera deben reconocer que la meta última es llegar a ser como el Salvador, quien es nuestro modelo y objetivo perfectos (1ª Pedro 2:2).  Puesto que el objetivo de Pablo fue ser como Cristo, él podía exhortar a sus discípulos a imitar su vida; pero siempre con el objetivo final en mente, de imitar el carácter de Cristo (c.f. 1ª Corintios 11:1).

4) El orden o proceso básico, es:  (a) Los líderes deben imitar a Cristo (1ª Corintios 11:1) de manera de ser ellos mismos modelos para los demás (1ª Pedro 5:3); (b) los nuevos conversos o la congregación, como un todo, deben imitar a sus líderes, asumiendo por supuesto que sus líderes están siguiendo a Cristo (Hebreos 13:7); (c) el resto de las iglesias deben reconocer su responsabilidad de ser modelo de divinidad o de ser semejantes a Cristo, como los tesalonicenses eran para los creyentes de Macedonia y Acaya (1ª Tesalonicenses 1:7); (d) todos los creyentes deben llegar a ser imitadores de Dios quien se revela a nosotros en Cristo (Efesios 5:1).

Siguiendo el ejemplo de otros, nada tiene que ver con imitar el estilo o personalidades carismáticas de ciertos líderes cristianos.  Lo que debemos entregar como modelo para los demás e imitar en otros, es el carácter cristiano tal como está ilustrado en el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23) o en la actitud y conducta de Pablo, ante temas dudosos como comer carne ofrecida a los ídolos.  El modelo de Pablo fue el del amor, poniendo las necesidades de otros, por sobre él mismo, de la misma forma que Cristo lo hizo por nosotros.  Realmente, esto es lo que Pablo tenía en forma contextual tenía en mente en 1ª Corintios 11:1, cuando dijo:  “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (para el contexto inmediato, ver 1ª Corintios 10:31).  El mismo principio se observa en el contexto de 2ª Tesalonicenses 3:9, en el que se debe trabajar para mantenerse a sí mismo y a su familia (ver 3:6-15).



[1] Kindred Spirits [Espíritus Afines], Vol. 23, Nº 1, p. 10.  El Dr. Mennett trabajó como Ministro de Educación del Presidente Reagan y ganó una aclamación nacional como el ‘zar de la droga’ del Presidente Bus.  Es el autor de The Death of Outrage:  Bill Clinton and the Assault on American Ideals [La Muerte del Ultraje:  Bill Clinto y el Asaldo de los Ideales Americanos] y fue asesor de The Book of Virtues [El Libro de las Virtudes].

[2] Ver el comentario del autor sobre este tema (en inglés), en:  http://www.bible.org/docs/nt/books/1th/jhk3/toc.htm.