Estudios Bíblicos en Siguiendo sus Pisadas

José: el propósito de Dios

Dios había dado a José un sueño, en el que todos se arrodillaban ante él, incluida su familia. Eso fue a los diecisiete años. Ya pasaron trece, y la promesa de Dios no se cumple. Es más, no solamente no se cumple, sino que su situación es exactamente opuesta a la del sueño. ¿Cuántas veces nos sucede algo similar, en que esperamos el cumplimiento de una promesa de Dios y no lo vemos?
Salmo 138:8: "Jehová cumplirá su propósito en mí"
David, como José, reconocía la existencia de un propósito de Dios para su vida, y esperaba su cumplimiento, aunque quizá no entendía el porqué de algunas cosas que le pasaban.
Isaías 55:8,9: "Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos."
La mente y los ojos de Dios ven nuestra vida mucho más allá de lo que nosotros vemos, y por eso debemos esperar en Dios. Decirlo es fácil, hacerlo no tanto. Aún David debió reprender a su propia alma por impaciencia:
Salmo 42:11: "¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío.
José mismo demostró ser un hombre común al pedir al copero que se acordara de él cuando saliera. Ya veía que debía buscar una solución a su problema. Haber soportado todo y seguir siendo fiel. ¿Para qué, para pasar tantos años en la cárcel por un crimen no cometido? Pero José había hecho suyo el pensamiento del salmista escritor del salmo 37, cuando dice en el versículo 5: "Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él, y Él hará." También vs. 3-7, 39
Dios hizo por José mucho más que lo que podría haber hecho el copero si se hubiera acordado de él. Que el copero lo olvidara sólo provocó en José un sentimiento aún mayor de dependencia exclusiva de Dios. Salmo 62:5: "Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de él es mi esperanza. Él solamente es mi roca y mi salvación." Isaías 49:15: "¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti."
José es un ejemplo digno de imitar en este sentido, habiendo esperado completamente en las promesas de Dios, y viéndolas cumplidas al fin.
1 Pedro 5:6,7: "Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros."